
Deje de congelarse en su taller
¿Alguna vez ha entrado en un vestuario o en una zona de trabajo en pleno mes de enero y ha sentido ese frío intenso? Ese es el problema del “arranque en frío”. Intentar calentar un espacio grande y abierto con un calentador habitual es como tratar de llenar una piscina con una taza de té: solo se desperdicia energía calentando aire que se disipa rápidamente. Por eso utilizamos calentadores infrarrojos montados en el techo.
Calor que realmente llega hasta usted
Aquí está el secreto: los calentadores infrarrojos no se preocupan por el aire. No intentan calentar todo el ambiente. En cambio, emiten energía radiante que viaja a la velocidad de la luz. Calientan únicamente aquello con lo que entran en contacto, como su piel o su mesa de trabajo. Para ello, utilizamos elementos de cuarzo. En cuanto se enciende el aparato, el filamento comienza a emitir luz. ¡Calor instantáneo! No importa si hace 5 °C o -10 °C afuera. Sentirá el calor de inmediato, ya que no tiene que esperar a que el aire se caliente. Basta con colocarse debajo del calentador para entrar en calor.
Instalación correcta
Instalar estos calentadores no es complicado, pero no se puede hacer al azar. Si sus techos son altos, necesitará más potencia. De lo contrario, el calor no llegará al suelo. También debe verificar bien su panel eléctrico. Estos aparatos consumen bastante corriente en cuanto se encienden, y no quiere que se corten los circuitos en medio del trabajo. Un punto importante a tener en cuenta son los “puntos calientes”. Dado que la radiación infrarroja viaja en línea recta, funciona como una linterna. Si está justo debajo del calentador, se quemará. Pero si se coloca detrás de un pilar, volverá a sentir frío. Debe planificar cuidadosamente la disposición de los calentadores para que nadie quede en una zona sin calor.
Mantenerlos funcionando
Estos calentadores están diseñados para funcionar en entornos industriales, pero no son mágicos. Están protegidos por reflectores que dirigen el calor hacia abajo y evitan que el polvo afecte a los filamentos. La única tarea real es limpiarlos cada pocos meses. Si se acumula suciedad en los reflectores, estos se nublan y la capacidad de calentamiento disminuye. Debe vigilar la intensidad de la luz. Si esta comienza a debilitarse o el filamento se rompe, basta con reemplazar la lámpara y listo. Así de simple.